El peligro ronda uno de los sectores más dinámicos de la economía Brasilera: el campo está expuesto al feroz ataque de nuevas plagas y enfermedades.

 Opinión

 João Lammel* analiza los actuales obstáculos que el campo Brasilero afronta

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El peligro ronda uno de los sectores más dinámicos de la economía Brasilera: el campo está expuesto al feroz ataque de nuevas plagas y enfermedades que, sin formas adecuadas de control, atacan cultivos en las mas importantes regiones, provocan fuertes daños a la producción de alimentos, fibras y energías renovables y causan elevadas pérdidas a los agricultores. Al mismo tiempo, la situación se complica, debido a que los órganos federales encargados de la regulación y protección fitosanitaria carecen de estructura y coordinación para realizar sus funciones con celeridad y eficiencia.

En los últimos meses, el gusano Helicoverpa armígera, hasta entonces desconocida por los investigadores Brasileros, sorprendió por su devorador apetito, apenas en la temporada de este año ya devoró, al menos US$1 billón en los cultivos de soja y algodón en los Estados de Mato Grosso y Bahía. Investigadores que acompañan el rastro de la plaga, indican que Helicoverpa armígera, ya se dispersó a zonas de Paraná y del Sudeste de Brasil.

A esta nueva plaga se suma a otras de difícil control, como la mosca blanca, la broca del café y la roya asiática, esta última ha causado en los últimos diez años, de acuerdo a APROSOJA (Asociación Brasilera de productores de Soya), daños superiores a US$25 billones. Las pérdidas se extienden a cultivos de café y algodón, importantes productos de exportación, además de frijol y hortalizas, determinantes en la economía interna al influir en el índice de inflación. Si miramos hacia el futuro, el panorama es aún más desolador.

De acuerdo con la Sociedad Brasilera de Defensa Agropecuaria (SBDA), existen otras 150 plagas con potencial de atacar cultivos en varias partes de Brasil. Por lo menos quince de ellas están en el nivel de daño económico a los cultivos – es decir que requiere manejo y sistemas de control fitosanitario. Los efectos pueden ser catastróficos en las plantaciones y en la economía del país.

De acuerdo con el Centro de Estudios en Economía Aplicada (CEPEA), el agronegocio fue responsable en los últimos diez años, por 27% del PIB nacional. En 2013, se estima que aumente un 9% frente a un reducido 2% de toda la economía. Tales resultados se deben en gran medida, a la capacidad de la investigación en la generación de nuevas tecnologías adaptadas y ajustadas a Brasil, mediante grandes inversiones de empresas públicas y privadas. La fase del estado del arte en la agricultura tropical ha estimulado la revolución verde Brasilera.

Tecnologías como por ejemplo, nuevos ingredientes activos de productos fitosanitarios, generan productos más eficaces y seguros. El beneficio en productividad es mencionado por la FAO, órgano de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura: las plantaciones comerciales no protegidas por las modernas tecnologías pierden en promedio, 40% de su producción, y en algunos casos el 100%.

Por lo tanto, es motivo de preocupación que en los últimos años haya ocurrido una abrupta reducción en el análisis de nuevas tecnologías para la defensa de los cultivos. En 2005, se aprobaron 27 ingredientes activos; en 2006, se redujo a 25; en los siguientes años la tasa de aprobación disminuyó a 21, 11 y 8 productos, respectivamente. En 2010, las aprobaciones disminuyeron drásticamente a 3 ingredientes activos nuevos; en 2011, a solo dos productos. En los dos últimos años, la lentitud en la aprobación toco fondo; en 2012, apenas un ingrediente activo salió del escritorio y, a pesar del fuerte avance de nuevas plagas, hasta agosto de este año, solo fue aprobado un producto.

A este ritmo, la aprobación de todos los productos paralizados tomará 11.7 años, según declaración reciente de la propia Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA), uno de los órganos encargados de la regulación de plaguicidas, junto al Instituto Brasilero del Medio Ambiente y de los Recursos Renovables (IBAMA) y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y del Abastecimiento (MAPA). Aquí, entonces, parte de la explicación de los enormes daños causados por las plagas, que se muestran más agiles que la burocracia y la ineficiencia.

Es indispensable y urgente, por tanto, un amplio trabajo preventivo; fortalecer la seguridad en las fronteras y, especialmente, ampliar la estructura funcional de las instituciones vinculadas a estos tres ministerios. La ampliación del cuerpo técnico debe ser acompañada de medidas y sistemas que mejoren y aceleren la revisión y aprobación de registro de nuevas tecnologías. La corrección en la redirección del actual marco regulatorio ofrecerá un horizonte de mayor previsibilidad a las empresas para definir sus planes de inversión. Y sobre todo, traerá confianza para los agricultores – después de todo, ellos son los principales responsables de la misión de ubicar los alimentos en nuestras mesas.

*João Sereno Lammel es Ingeniero Agrónomo y presidente del Consejo Directos de la Asociación Nacional de Protección Vegetal (ANDEF)
Fuente: Diario de Pernambuco, septiembre 9 de 2013