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Por: Alejandro Hernández, Director de Biotecnología para Centroamérica y el Caribe de CropLife Latin America

La biotecnología, ingeniería genética o transgénesis, es una opción para la sequía, el hambre y la crisis alimentaria que atraviesa Centroamérica, pero que no se discute por falta de conocimiento. La tecnología existe desde hace más de 6 años, desarrollada por científicos mexicanos públicos de CINVESTAV, en Argentina en la Universidad del Litoral, en Brasil Embrapa, así como tecnología privada que se utiliza en Estados Unidos. En suma, avances en el último año permitirían desarrollar nueva tecnología.

El cambio climático es uno de los temas que atormenta a la región Centroamericana y particularmente al “corredor seco” que abarca a Guatemala, Honduras, El Salvador, Haití, Nicaragua, Costa Rica y Panamá . Dos años de sequía asociados al fenómeno de El Niño tienen en crisis el sector de alimentos, ganado vacuno, porcino y avícola. La crisis afecta de manera apremiante a la población más vulnerable, agricultores de subsistencia y zonas rurales que suman más de 2 millones de personas. La solución urgente llega como gotas de agua en el desierto, el apoyo del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU quien se comprometió a dar asistencia a 1,5 millones de personas al menos en Guatemala, Honduras y el Salvador.

El reto requiere pensar fuera del caja ante fenómenos cada vez más comunes, cíclicos y devastadores para el sector agrícola altamente dependiente del agua. Solo como paréntesis, producir un kilo de arroz requiere entre 1 a 3 mil litros de agua y la agricultura global utiliza el 70% del agua dulce. El asistencialismo es necesario y urgente para atender las necesidades de primera necesidad pero es insostenible al largo plazo.

Qué opciones tenemos que no sean biotecnología? Soluciones como sistemas de riego, invernaderos, monitoreo mediante estaciones de ambiente suenan fantásticas en el papel pero requieren de grandes inversiones de dinero y entrenamiento. Desarrollar variedades convencionales con algún grado de tolerancia es lento dado que la tolerancia están distribuidas en muchos genes. Veamos el caso de arroz, que tiene 19mil genes y si comparamos tan solo dos variedades con algún grado de tolerancia a sequía como el IR 57311 y el LG93-4, notaremos que 245 genes se apagan y 413 se promueven. El segundo problema es que las tolerancia a sequía y la tolerancia al calor son distintas. Ambos factores se suman en el fenómeno de El Niño por lo que habría que probar si efectivamente funcionan.

Qué biotecnologías tenemos? Para quienes no gustan de las alianzas público-privado, están los desarrollos hechos por Universidades. Hace aproximadamente 6 años, los científicos del CINVESTAV de México desarrollaron un maíz genéticamente modificado al incorporar un fragmento de un gen del mismo maíz (ZmTRE), y aumentar así un azúcar interno. El Maíz contiene el azúcar trealosa, lo que le permite tolerar la sequía y a la vez funciona como un osmoprotector, es decir proteger las proteínas célulares del daño por el calor. Una estrategia similar están usando la Universidad de Agricultura y Tecnología de Kenia. En Brasil, los investigadores de EMBRAPA están utilizando el gen de la planta Arabidopsis thaliana llamado DREB2A y que funciona como un “factor de transcripción”, es decir como un activador de otros genes relacionados con la sequía. En soya el Instituto de Agrobiotecnología Universidad Nacional del Litoral (UNL) Argentina encontró un gen en girasol que funciona de manera similar el Hahb-4 y que en soya tiene muy buenos resultados.

En el sector privado, en Estados Unidos en el 2014, se cultivó 275 000 hectáreas de maíz tolerante a estrés hídrico con el gen CspB que le confiere a la planta una ventana de tiempo para soportar el cambio climático. De igual manera, existen alianzas público- privado como WEMA (Water Efficient Maize for Africa).

Y si quisiéramos desarrollar nueva tecnología, los resultados de las investigaciones científicas en biotecnología del último año son impresionantes, Nature Biotechnology publica el avance en un aumento del rendimiento en maíz en condiciones de sequía entre un 31 y 123%. Investigadores en China publicaron en Nature su logro por biotecnología que un tomate soportara 40 grados centígrados y también publica el modo de acción del Jasmonato, molécula encargada de la defensa y resistencia a la sequía en plantas. Igualmente Trends Biotechnology publica una nueva manera de tolerar el estrés mejorando el sistema de uso de energía que las plantas ya tienen.

En síntesis, la biotecnología, ingeniería genética, transgénesis, es una opción para la sequía, el hambre y la crisis alimentaria que atraviesa Centroamérica. Una nueva sequía vendrá tarde o temprano, y las herramientas biotecnológicas existen tanto públicas como privadas para ser evaluadas y apoyarnos en la producción agrícola ya sea de subsistencia o de manera comercial. Esperemos que exista la proactividad de nuestros Gobernantes para que estas soluciones lleguen pronto a manos del agricultor y logremos aliviar su angustia de perder su cultivo o ganado por el cambio climático.