Prohibir agroquímicos no soluciona situación de polinizadores

Por: José Luis Martínez, periodista.

Tomado de: 2000 Agro

Agosto 2019

Mauricio Rodríguez, director de Asuntos Científicos de CropLife Latin America, dice que esta restricción obedece más a presión mediática que a una solución real al problema.

Abeja Polinizando

Autor de la imagen: 2000 Agro

En todos los medios de comunicación, redes sociales y hasta en conversaciones comunes se habla de la inminente extinción de las abejas y que su desaparición en el planeta provocaría una crisis alimentaria tan severa que unos cuantos años después, se extinguiría también la humanidad.

Entonces, circula en redes sociales información para proteger a estos benéficos insectos, se ha puesto de moda la instalación de jardines para polinizadores y otras estrategias para que este tipo de animales tengan fuentes de alimentos con las cuales sigan haciendo su trabajo. Pero científicamente, ¿cuál es la realidad sobre esta situación? ¿De qué manera se puede mitigar? Y en caso de no hacer algo, ¿cuáles serían sus efectos?

Para conocer esta situación, conversamos con Mauricio Rodríguez, director de Asuntos Científicos de CropLife Latin America, quien ha analizado el fenómeno a escala mundial y desestima que algunas de las medidas que se han implementado actualmente sean una solución real al problema, como la restricción en el uso de agroquímicos, además, provocaría otros problemas más graves como una crisis alimentaria mundial.

Redes sociales, una fuente poco confiable

“Para CropLife, cuidar de los polinizadores es parte de nuestra misión porque ayudan a hacer a una agricultura cada vez más sustentable. Mal haríamos nosotros en tomar acciones que afecten a los polinizadores y a la biodiversidad en general, por el uso de agroquímicos”, explica.

“Pero en los últimos cinco años la situación se ha vuelto más dramática. Primero en Europa, los apicultores vieron que luego del periodo de hibernación de las abejas en el invierno, salían cada vez menos individuos de las colmenas. Esto ocurrió entre 2009 y 2013 y alertaron al Servicio de Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea (EFSA, por sus siglas en inglés), que comenzó a investigar el problema.

Y agrega: “Hicieron su propio estudio estadístico y miraron que entre 2012 y 2013 algunos países tenían pérdidas postinvernales del 2 al 5 por ciento, mientras que en otros eran entre 20 y 30 por ciento como Dinamarca, Suecia o Noruega, pero para 2014 nuevamente bajaron las pérdidas, en ningún país fueron superiores al 15 por ciento.

“De hecho, en EEUU los apicultores saben que de un año a otro las pérdidas pueden ser fácil del 15 por ciento y no pasa nada porque como son animales domesticados, se recuperan los números con otras estrategias como comprar una abeja reina, otros panales, etcétera”.

El entrevistado asegura que, como resultado del estudio, las cifras ya estaban recuperándose de manera natural, pero antes de que esto ocurriera, ya se había lanzado una campaña masiva en medios de comunicación y redes sociales, para exigir medidas correctivas, entre ellas, prohibir el uso de agroquímicos principalmente neonicotinoides (derivados de la nicotina), que atacan el sistema nervioso de los insectos, pero no son tan agresivos con aves y mamíferos.

¿Qué ocurrió en Latinoamérica ante esta situación?

Sólo nos llegó la noticia que los agroquímicos están restringidos y algunos apicultores de estos países que no tienen información suficiente decidieron unirse a estas campañas para que les pusieran atención y pidieran leyes para estimular la producción apícola. Algunos científicos por conveniencia también se unieron a esta propuesta y fueron suficientes para crear desinformación.

Sin embargo, el entrevistado explica que las conclusiones a las que llegó la EFSA señalaban otros factores que eran mucho más riesgosos para la salud de las abejas, como enfermedades y parásitos, principalmente un ácaro (varroa destructora), diferentes virus y hongos, mientras que el uso de plaguicidas tenía una bajada incidencia entre todos estos factores.

“Cuando uno mira las respuestas, la mortalidad por este factor era un número mínimo, en comparación con las otras causas que acabo de mencionar”, reitera el entrevistado y agrega que la consulta de la EFSA se realizó con laboratorios de los 28 países que conforman la UE. “También hay otros factores como el cambio climático, debilidad genética de las colmenas, falla de la reina (cuando deja de poner huevos), y la colmena colapsa en unos cuantos meses”.

“Entonces como estos factores son impredecibles, la EFSA estableció una restricción en el único factor en el que podían tener control: la autorización de registros para el uso de plaguicidas”, explica. “Por ello, los políticos decidieron ceder a la presión y restringir el uso de plaguicidas, a ver si en realidad se mitigaba el daño”.

Finalmente, los países europeos que tienen una mayor vocación agrícola (Polonia, Lituania, Alemania, Hungría) implementaron “mecanismos de excepción a estas restricciones” para poder utilizar estos productos, pero no se hizo mayor ruido al respecto y allá se usan los agroquímicos bajo restricciones especiales, agrega el experto.

Intereses económicos y medias verdades

¿Por qué se le dio tanto peso a estar versiones si no tenían datos suficientes?

En Colombia platiqué con investigadores que trabajan con abejas silvestres y sus estudios no le interesan a nadie. Pero la abeja europea es como el oso de WWF: sirve para llamar la atención y conseguir recursos para investigación. Por eso estas organizaciones se reunieron a la condena mundial por intereses particulares. Hay todo tipo de intereses que fabrican información verídica o falsa sobre el tema.

Por eso nuestra preocupación es que las autoridades en América Latina mantengan esta restricción, cuando las estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidades para la Alimentación y la Agricultura) demuestran que en los últimos 50 años han aumentado, en promedio, en un 45 por ciento o 50 por ciento las poblaciones. Hay estudios de 2013 que dicen que el promedio mundial de poblaciones de abejas tiene un crecimiento de 65 por ciento, mientras que otras hablan de la desaparición del 20 hasta el 50 por ciento de las poblaciones.

¿Entonces cuál es la situación real de las abejas en el mundo?

La FAO señalaba que hubo varios años en los que Europa disminuyó las poblaciones, pero en América Latina, del Río Bravo hasta la Patagonia, la producción de abejas va muy bien.

La realidad es que las abejas no están en peligro de extinción, existen 25.000 especies de abejas y las que señalan los ambientalistas como “en riesgo” es una que ni siquiera es endémica de América y también hay moscas, escarabajos, murciélagos, avispas y diferentes tipos de mamíferos que también son polinizadores.

Sin embargo, el experto reconoce que tampoco podemos dejar de ignorar el monitoreo de las abejas porque son uno de los polinizadores más importantes del planeta, porque el resto de las especies “tampoco son extensas, muchas abejas son solitarias, hay muy pocos individuos o están en áreas muy remotas, no tenemos estadísticas, ni hay dispositivos de geolocalización para estudiarlas. Entonces es muy difícil saber cuántos hay, pero no quiere decir que no haya estudios”.

Y agrega: “lo cierto es que sí, la industrialización, la explosión demográfica, la urbanización están poniendo mucha presión sobre la biodiversidad, por eso desde hace años existen las iniciativas para la creación de áreas protegidas de la biodiversidad general.

“Es cierto que el crecimiento de la población humana y las actividades industriales, la búsqueda de cada vez más gente de comer proteína animal, cuando antes dependíamos mucho más de los granos, entonces hay mucha presión, cada vez más autopistas, más vuelos en avión y esta presión está afectando a muchas especies de animales. Para comenzar esta situación, otras especies están aumentando”.

¿Cómo se armoniza el uso de agroquímicos para que sean amigables con el medio ambiente?

Los plaguicidas no juegan el papel más crítico en la conservación o amenaza a la biodiversidad. Por eso, los agroquímicos consideran cada vez más este tipo de potenciales efectos, con formulaciones cada vez más específicas.

Otro factor interesante es la agricultura 4.0 digital o de precisión, que utiliza herramientas digitales, robots, drones, irrigación, vigilada por computadora, aplicaciones dirigidas para que ya no se haga una dispersión de plaguicidas en 100 o 200 hectáreas con avionetas, sino con un dron que va a dos o tres plantas donde se detectó un brote de una plaga y esto lo conviene al medio ambiente y al agricultor porque gasta menos en insumos y sus procesos se van tecnificando.

Las mismas moléculas (para fabricar los agroquímicos) son cada vez más benignas con el ambiente, se degradan más rápido, son más localizadas, es más fácil su absorción en la planta. Incluso, muchos insecticidas se usan como recubrimiento de semilla y cuando esta germina, la plata crece como si estuviera vacuna, porque tiene trazas de plaguicidas que las hacen resistentes a las plagas.

¿Qué pasará en el mundo si se prohibiera el uso de agroquímicos?

Restringir la posibilidad de que los agricultores sigan produciendo alimentos económicos y en abundancia, para que sean accesibles a las poblaciones más vulnerables o con menos recursos no le hace un favor a nadie, estamos creando más problemas. Todo está interconectado.

La agricultura puede ser parte del problema, pero en esa urgencia del público contra las autoridades, no necesariamente estamos tomando las decisiones correctas porque no estamos llamando a nuestros científicos o las industrias, porque también están involucradas. Es cierto que como seres humanos cada vez queremos tener más cosas y los mensajes en las redes no pueden llamar a la autorreflexión. No hay una solución sencilla, pero debe ser tomada basada en ciencia.

Agricultura orgánica

¿Cuál es su postura sobre el uso de productos orgánicos?

A nosotros nos gusta la producción orgánica pero no la exclusión de la agricultura que usa químicos, porque no habría suficiente y tendríamos una crisis alimentaria y desabastecimiento si dependiéramos únicamente de la agricultura orgánica.

Tampoco tendríamos reservas de alimento ante un desastre natural como sequías o inundaciones. Con esto, mucha gente sufriría de hambre y moriría porque los precios de los alimentos se van a disparar y peor aún, habría levantamientos violentos para reclamar a la fuerza el acceso a los alimentos.

La agricultura orgánica no va a poder desplazar a la agricultura “convencional”, pero no es mala, produce alimentos con las mismas características nutricionales, los mismos niveles de seguridad e inocuidad. No son ni más sanos, ni más limpios ni mejores para la salud y son preferidos por gente que pueda pagar dos, tres o diez veces por le mismo producto.

¿Se podrá eliminar en algún momento el uso de químicos en los alimentos?

La inocuidad cero es imaginaria, irreal. El riesgo de una actividad, sustancia o tecnología se mide de acuerdo con el grade de peligrosidad de la sustancia y su nivel de exposición. En el caso de las sustancias químicas, se llama toxicidad. Todas las sustancias son tóxicas. Todo tiene químicos, incluidos los de manera natural.

Mientras que la exposición es la que nos debe decir si ese peligro va a causar o no un riesgo inaceptable a la salud o al ambiente. Es la cantidad de esa sustancia, combinada con el tiempo que estás en contacto con ella.

Los químicos no tienen nada en malo, son la base de la vida. Por ejemplo, la cicuta, el cianuro, el arsénico o hasta el epazote pueden ser venenosos. La toxina botulínica, es la sustancia más tóxica que existe en el mundo, pero se puede usar de manera segura para tratamientos cosméticos, tratada de manera segura.

Lo importante es, en el caso de los plaguicidas y agroquímicos, qué tan tóxica es o no una sustancia porque se utiliza de manera segura en la producción de alimentos.